Púshkar

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Para llegar a Púshkar hay que ir en tren hasta Ajmer, donde sufrimos el mayor acoso de conductores de motorickshaw para ir a la estación de autobuses, donde hay que coger uno para ir a Púshkar, que está a 13km y separado de Ajmer por una pequeña montaña.

En el autobús hablamos con un chico de 22 años que desde hace 4 regenta un negocio de venta de joyería y bisutería. Gin le cuenta que en Europa nuestro trabajo era viajar para importar mercancía (no especifica qué) de otros países y que ahora estamos viajando por Asia en busca de nuevos mercados. Gracias a este chico nos bajamos en la parada correcta en Púshkar.

omfrasechulapushkarLlegamos al hostel. Habitación bien, baño propio, y azotea molona, ¡yip! Es ahí donde cenamos una hamburguesa vegetariana riquísima que nos prepara Mavi (el casero), y conocemos a Blanca, catalana muy maja, a Elena, santanderina gypsy que nos da una clasecita de khatak en la azotea, a Hanna, joven londinense y otra chica british, estas dos últimas era como la tormenta y la calma respectivamente pero muy majas y generosas. Todas ellas son las personas con las que todos los días hemos coincidido a una u otra hora en la azotea.

Pushkar no es muy grande ni posee grandes monumentos (que sí templos, más de 400 en toda la ciudad), pero el lago sagrado alrededor del cual crece la ciudad y los bazares son suficiente para hacer de ella, la primera ciudad en la que no me importaría quedarme un mes entero. La atmósfera es a su modo, muy cosmopolita. La población son en su mayor parte peregrinos y en otra gran parte turistas. Occidentales que van a realizar sus compritas de mercancía (telas, moda y bisutería entre otras) para venderlo en sus países. Por ello la mezcla de culturas que se aprecia es enorme, y por ello de lo que más vive la ciudad es del turismo “mercantil”.

Visitamos y pasamos un ratito en un templo jainista donde está prohibido hacer fotos. Los fieles van a realizar su donación a un altar principal donde reciben a cambio un plato de comida o unos frutos secos 8entendemos que en función de la cuantía de la donación te toca algo mejor o peor de comida). Tocan darbukas en la entrada y la pagoda central está pintada en colores muy vivos (azulón y naranja).

En una azotea con vistas al lago, quedo con Jennifer, una murcianica muy maja que conocí en los talleres que Elena Carmona impartió el año pasado en Alicante, que está estudiando Odissi en la prestiatardecerpushkargiosa escuela de Kholena en Pushkar. No puedo negar que me da un poquito de envidia, echo de menos la danza, aunque si tuviera que estudiar alguna india no sabría por cual decantarme. He decidido centrar el tiro en pocas cosas e invertir en ellas de verdad en cuanto vuelva a España, que por otro lado espero que aún tarde jeje…Jennifer nos presenta su grupo de colegas, no hay ningún español y charlamos un rato con ellos.

Comemos pizza de verdad en un restaurante aunque la mejor fue la que cenamos en otra pizzería la última noche. Pasamos la tarde entera con Aurelie y Jean Mitchel, la pareja franco-neozelandesa que conocimos en Delhi. Son muy majos, y esperamos coincidir con ellos en próximos destinos J

Aquí descansamos bastante la verdad. Yo aprovecho para hacer algunas compritas para la family (tengo que contenerme para no comprar muchas más cosas de joyería, vestidos, pantalones…) y leemos, escribimos y planeamos alguna cosita del viaje en la azotea del hostel.

marincafeprimeravezpushkarConocemos un café que tiene un proyecto con una ONG, donando la mitad de sus beneficios al proyecto, y donde nos tomamos el primer café de verdad en India (Filter coffee y no de sobre!). Este además es de Kerala, una región del sur de India, conocida por la calidad de su café.

Tomamos muchos chais masalas en nuestra dhaba favorita (en todas las ciudades encontramos una!) y aprovechamos para echar unas partidas de ajedrez. Gin me pule. Estamos pensando en comprar un ajedrez muy pequeño de viaje, a veces los venden por la calle ya que conocen bien las necesidades de los viajeros. Se las saben todas.

Hacemos una excursión a una de las colinas más cercanas al centro de la ciudad, donde hay un templo. El paseo es bonito, hay mucha pendiente pero merece la pena ver el atardecer. Hay también un templo conocido en la cima de otra colina pero está algo más lejos, así que lo dejamos para la próxima vez 🙂  No sé cuando pero sé que aquí, volveré.

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